domingo 7 de febrero de 2010

RELACIÓN DEL COMBATE DE TRAFALGAR DIRIGIDO AL MINISTRO DE LA MARINA FRANCÉS

RELACIÓN DEL COMBATE DE TRAFALGAR DIRIGIDO AL MINISTRO DE MARINA Y PRESENTADO AL CONSEJO DE ESTADO EL 23 DE SEPTIEMBRE DE 1809



Para saber más sobre la batalla de Trafalgar podeís consultar mi página: www.batalladetrafalgar.com

lunes 1 de febrero de 2010

EL ASEDIO A CÁDIZ (FEBRERO 1810 - AGOSTO 1812)

 

 
CÁDIZ DURANTE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA Y EN LA ACTUALIDAD

PANORÁMICA DE CÁDIZ DESDE LA TORRE TAVIRA

El 4 de febrero de 1810 llega el mariscal francés Victor a las puertas de Cádiz; viene pisando los talones a las tropas españolas del duque de Alburquerque que, tras una penosa marcha a contrarreloj, logra entrar en la plaza antes que los soldados napoleónicos, consiguiendo reforzar la guarnición de Cádiz con sus hombres. 

Exmo. Señor:
Acabo de recibir oficio del duque de Alburquerque, escrito ayer en las Cabezas [de San Juan], avisando que viene con sus tropas a replegarse sobre esta plaza. Dos edecanes suyos aseguran que llegará mañana al Puerto y yo le despacho expreso para que, forzando la marcha, avance hasta la Isla, lo que pongo en consideración con V.E. para su noticia, y que se deba dar las disposiciones convenientes al recibir sus tropas.
31 de enero de 1810
Francisco Venegas a don Francisco Xavier Castaños
ES.28079.Archivo Histórico Nacional/1.1.34//ESTADO,84,A

El mariscal francés realiza un reconocimiento de la zona e intenta vencer la defensa existente en el puente de Zuazo, único paso transitable hacia la Isla de León, pero es rechazado por las tropas que defienden la línea defensiva.

 
PUENTE DE ZUAZO

A partir de este instante y hasta el 25 de agosto de 1812 Cádiz sufrirá un asedio muy diferente a los efectuados a otras ciudades españolas durante la presente guerra. La peculiar situación de la población gaditana hace muy difícil su ataque, obligando a los franceses a bombardear la ciudad desde una posición alejada, limitando el efecto de los disparos. También al tener una puerta abierta hacia el mar se mitigan los efectos del asedio, siendo la población abastecida y recibiendo refuerzos por esta vía.

ES.28079.AHN/5.1.145.4.1.1.17.18//DIVERSOS-COLECCIONES,108,N.36

Se puede decir que es la ciudad más importante de España al instalarse en ella la Regencia, recientemente creada al ser suprimida la Junta Central Suprema,  y ser la base desde donde se intenta centralizar la defensa nacional ante el invasor francés. Entre sus muros se aloja la alta burguesía y aristocracia que han venido huyendo de los imperiales formándose una sociedad variopinta, al mezclarse con los gaditanos, que asentará las bases del liberalismo en busca de un modelo de gobierno moderno, lejos de las ataduras del absolutismo. La libertad de prensa permitirá la aparición de varios periódicos que ayudan, junto a las tertulias, a facilitar el diálogo y dar voz a todas las opiniones. Lástima que en el futuro, con el retorno al trono de Fernando VII, el rey felón, todos estos avances serán eliminados volviendo al oscurantismo anterior.



Cádiz 21 de agosto [1812]
Mi querido sobrino Andrés. He recibido tu última, en la que me dices que desearías salir a comandante [del regimiento de caballería Calatrava], sin embargo de que conoces no tienes los méritos necesarios y solo por ser del nacimiento que eres o por tu clase; cualesquiera que te oiga creerá que hace mucho tiempo no has estado aquí o que no has estado nunca, y aun que ignoras el orden que se observa aun antes de esta época, es decir en los dos años últimos que mandaba el Príncipe de la Paz, pues no se ascendía sino por los escalones que era regular, pero prescindamos de esta época; como quieres que Perico [Infantado] fuese a perjudicar a otro que hubiese con más merito que tu, ya por tiempo, ya por grado, ya por servicios efectivos y reales, cuando todos los días no hacen ya las Cortes, ya los periodistas otra cosa que gritar contra la arbitrariedad y antiguas costumbres, privilegios y distinciones, principalmente en la clase [nobleza], que a la verdad ha dado muy pocas pruebas, por servicios personales, hacia la causa justa que se defiende, pues los pocos que había en estado de continuar, se han retirado, cuando más debían servir y seguir con constancia, como lo hacen los señores de Inglaterra, ricos y con muchas conveniencias, sirven todos; que gloria no sería ahora para los de la clase entrar en Madrid con sus cuerpos, y no que los verán de paisanos y acaso los escupirán y harán muy bien por que han abandonado la causa, aquella gente que ha estado siempre dando el ejemplo de constancia y patriotismo a pesar de los reveses que han tenido y que tantas veces le ha burlado la fortuna, hasta que ya por fin la han alcanzado y han logrado su libertad…..
Los del Trocadero tirotean aun a Cádiz. Queda tuyo siempre tu tío que más te quiere
Estanislao Arteaga

CARTA DE DON ESTANISLAO ARTEAGA A SU SOBRINO ANDRÉS ARTEAGA (CONDE DE CORRES, POSTERIORMENTE MARQUES DE VALMEDIANO Y ABUELO DEL QUE SERÍA XVI DUQUE DEL INFANTADO) EN ELLA EL TÍO CONTESTA A UNA PETICIÓN DE ASCENSO EN EL REGIMIENTO DE CABALLERÍA CALATRAVA SOLO POR SER DE CLASE NOBLE. SE PUECE COMPRENDER MUY BIEN AL LEERLA COMO HABÍA CAMBIADO LA MENTALIDAD RESPECTO A LAS CLASES.

Cádiz durante este periodo es regularmente bombardeada, pero la vida en la ciudad no se ve muy alterada con la caída de los proyectiles; solo en los últimos meses del sitio los franceses provocan una notable alarma a la población, al sufrir varios edificios y zonas muy frecuentadas los efectos de los disparos. Uno de los momentos más críticos será en marzo de 1812 cuando los franceses utilizan un nuevo modelo de obús con mayor alcance ideado por Villantroy y traído desde Sevilla. El 12 de marzo empiezan los bombardeos con dos unidades de este tipo de obús, pero enseguida se comprueba que la fuerza es insuficiente para causar daños significativos a Cádiz. Entre el 13 y 31 de marzo se contabilizan 515 granadas tiradas contra Cádiz, de esta cantidad el Conciso publica:

Tan segura es la puntería y el alcance de los tales obusones, que de las 515 tiradas á Cádiz, han quedado la friolera de unas 475 en la bahía, donde ni un rasguño se sabe que hayan hecho a nadie, como no sea á algún besugo, ó dorada. La lista de las desgracias ocurridas con las 40 que habrán llegado á Cádiz, solo dexa de ser tan cómica como la vez pasada, por la única desgraciada casualidad de que un caballero oficial que se hallaba en su cama, quando cayó una de ellas, recibió un golpe que le rompió una pierna; pero aunque con pérdida de esta, ya no peligra su vida pues lo demás se reduce á unos quantos vidrios rotos, algunos cascotes arrancados, y una gallina muerta, dos contusas, y tres dispersas por la ventana del gallinero de la casa del Sr. marques del Pedroso, donde cayó otra dé las 40. Cotéjese esta verdadera relación con las ruinas y mortandad que los Soult, los Sotelos y demás canalla gabacha y agabachada han anunciado en sus papeles y conversaciones.

El 12 de octubre de 1812 el mismo periódico publica un informe detallado de las bombas caídas en Cádiz durante el asedio:




Don Antonio Alcalá Galiano dejará escrito en sus memorias como se vivían dentro de la ciudad los bombardeos:

Entre tanto, la mansión en Cádiz era sobre manera agradable. Abundaba la gente, y aunque esto producía alguna estrechez en las casas, daba vida y alegría a las calles y paseos, donde había de continuo una lucida y numerosa concurrencia. Abierto, hacia fines de 1811, el teatro, que había estado cerrado desde principio del sitio, rebosaba en gente todas las noches. La abundancia de los víveres había producido tal comodidad en los precios, que bien podía llamarse baratura, naciendo esta ventaja de estar libre el mar, y hallarse abolidos los derechos sobre introducción de comestibles, por lo cual acudían a surtir de todo a la crecida población de aquella isla, bloqueada por tierra, así de los lugares vecinos situados a la orilla del mar, como de los más apartados. Residía allí el Gobierno, y con él muchos personajes de importancia en la parte literaria, así como en otras; y estar abiertas las Cortes, donde todos los días se examinaban y resolvían graves materias, daba pábulo a ejercitarse la curiosidad y el entendimiento, ya en escritos, ya en conversaciones. Las noticias de los ejércitos, si por lo común eran de reveses, eran alguna vez de felicidades, y abultadas éstas, abrían campo a dulces esperanzas. Verdad era que desde diciembre de 1810 habían empezado a caer dentro del recinto de Cádiz granadas o bombas disparadas por las baterías enemigas; porque si bien la ciudad estaba fuera de tiro, aun de mortero, del punto menos distante entre cuantos ocupaban en la costa opuesta los franceses, estos, con un invento nuevo, habían construido piezas, entre morteros y obuses, que alcanzaban más que lo que hasta entonces había sido conocido. Pero estos disparos, hasta 1812, habían sido hechos muy de tarde en tarde, y cada vez en corto número; los proyectiles, para ser arrojados a tanta distancia, habían sido aumentados en peso, y viniendo rellenos de plomo y con muy poca pólvora, no reventaban, y por esto causaban poco estrago y no mucho susto, y la consecuencia de todo ello fue hacerse de las bombas enemigas tan poco caso, que sólo servían para dar motivo a burlas. Así, se cantó en el teatro, y se repetía por las calles con una tonada vulgarmente de moda:

Con las bombas que tiran los fanfarrones,
se hacen las gaditanas tirabuzones;

porque tirabuzones eran llamados, por tener forma de tales, los rizos que entonces gastaban las mujeres, para formar los cuales se sujetaba el pelo con pedazos muy pequeños de plomo. Otras coplas semejantes eran aplaudidas. En el teatro, un actor llamado Navarro solía componerlas de repente, tomando con frecuencia por argumento las bombas, y era de ver con qué palmadas eran recibidas tales sandeces, siendo, por otro lado, acreedores a alguna consideración así los compositores de tan malos versos como sus aprobantes, porque unos y otros declaraban cuán alegremente resuelta a resistir al enemigo seguía la nación española, compendiada, y también representada, en la población de Cádiz.

 El teatro de Cádiz estaba a la sazón bastante expuesto a las bombas en días en que ya era costumbre en los enemigos dispararlas, en cada veinticuatro horas, cinco o seis veces. Cabalmente, la hora de la representación vino a ser la en que, guardando el acostumbrado período, debían los franceses hacer fuego. No fue, pues, muy numerosa la concurrencia, aunque tan poco, por demás, escasa. En actores y espectadores reinaba un loco entusiasmo. Los primeros, celosos parciales de las reformas a cuyos contrarios ridiculizaba la piececilla, se esforzaban por realzarle el mérito, haciendo con empeño sus papeles. Los segundos, casi todos de las mismas ideas, contándose entre ellos no pocos amigos del poeta, se reían hasta desternillarse, y se desgajaban dando palmadas. En medio de esto, oyóse el conocido estampido de los obuses de la opuesta enemiga costa. Al principio no fue grande el terror; pero quiso la casualidad que una granada viniese a atravesar por encima del teatro, próxima ya a caer, y que pasase casi raspando con su techo, hasta dar en una casa separada del edificio, y aun del tablado, por una calle de poca anchura. El ruido del proyectil en el aire sonó tremendo en el teatro; sobrecogiéronse actores y oyentes; paró por algunos instantes la representación, y huyeron hacia lugar más seguro no pocos de los concurrentes, entre los cuales había señoras. Pero otros nos quedamos, gritando frenéticos: «¡que siga, que siga!», acción no de valor, porque ya había pasado el peligro, no siendo de creer que viniese al mismo punto otro proyectil en el corto número de disparos que de una vez se hacían, pero acción rara, porque la imaginación suele, atendiendo a un peligro que acaba de pasar, dedicarse a considerarlo con exclusión de otro objeto alguno. Lo cierto es que la representación siguió con poca concurrencia, pero ésta más loca que antes, incitando, sin duda, a aumentar en fuerza y número los aplausos, el singular incidente que acababa de ocurrir. Sostúvose después esta comedia en el público concepto, así oída en el teatro, como leída, habiendo sido en breve impresa. Pero aunque de allí a pocos días fue construido un nuevo y pobre teatro fuera del alcance de las bombas, y en él se repitió la composición Lo que puede un empleo, que es el título de la tal pieza, la representación no tuvo el efecto que la primera.
….
En esto fue levantado el sitio de Cádiz. Fue alegre aquel día como pocos. Apresurábanse las gentes a embarcarse en botes para ir a visitar el abandonado campamento francés, en las cercanías de Puerto Real y del Caño del Trocadero. Había ansia de pisar la tierra del continente, de respirar el aire del campo, allí en verdad poco ameno. Fui yo junto con los oficiales de secretaría, pues, no obstante cierto desvío, se me trataba como a empleado diplomático; esto es, de un modo muy superior al que se usaba aún con los oficiales del archivo. Registramos, con las numerosas turbas, la a modo de población hecha por los enemigos para tener acampadas sus tropas; obra primorosa, pero hecha a costa del lindo pueblecito de Puerto Real, convertido en ruinas. También excitaban la curiosidad las baterías donde estaban los obuses, cuyos efectos habíamos estado por largo tiempo sintiendo. Al volver también por mar a Cádiz, todos los botes traían en el tope de sus palos algún manojo de hierba, como señal de que ya se había disfrutado de un recreo completo, negado a los habitantes de la isla gaditana por más de treinta meses consecutivos.

Otra seguidilla que se cantaba era:

De las veinte granadas
que Soult envía
se quedan diez y nueve
en la bahía.
Y la que llega,
rompe vidrios y espanta
perros y viejas.

La derrota sufrida por el ejército francés al mando de Marmont, en tierras salmantinas, provoca el desalojo de Madrid por parte del rey Jose I y la evacuación de Andalucía de los ejércitos de Soult, para proceder a un reagrupamiento de los ejércitos imperiales y plantar cara a Wellington. El 25 de agosto de 1812 los franceses levantan los campamentos frente a Cádiz y terminan con el asedio. Los partes telegráficos, que diariamente se publican, dejan reflejados los movimientos del enemigo en estos días:

Día 23
Desde las doce de ayer hasta las de hoy
Los mismos trabajos en la línea enemiga. A las 5 ¾ de la tarde y a las 8 de la mañana, arrojaron los enemigos granadas a esta plaza, habiendo hecho igualmente fuego a diferentes horas con dirección a la Puerta de Tierra contestando nuestras baterías de tierra, fuerzas sutiles y bombarderas inglesas. Han pasado del puerto a Puerta Real 4 carretas con paja, 3 carros cubiertos y uno de pertrechos. De Puerto Real a Chiclana un carro cubierto, y otro con víveres escoltado por 14 infantes, a la inversa 5 carretas con muebles caseros, 5 id. Con efectos y 20 acémilas mayores con sacos; y del Trocadero a Chiclana un carro de municiones. Han estado haciendo el ejercicio en el campo de Guía del Puerto unos 500 infantes.

Día 24
Desde las 12 de ayer hasta las de hoy
Continúan los ingleses los trabajos en el reducto del cerro de los Mártires, estoy y los portugueses en el foso de Torre Gorda, y en el reducto inmediato: los prisioneros en construir una nueva batería a la orilla del caño del río Arillo que sale al mar del Sur, inmediata a la playa: y los enemigos en la batería del molino de Guerra, en la segunda avanzada del arrecife, y en el castillo de Chiclana.= la batería de la Cabezuela, y la del ángulo han arrojado granadas a esta plaza a las 3 ¾ de la tarde del día de ayer, y a las 9 y 20 minutos de la mañana de hoy; contestándoles nuestras baterías de tierra, fuerzas sutiles y bombarderas inglesas.= Fort-Luis también ha hecho fuego a Puntales, el que contestó.= Han pasado del Puerto a Puerto Real unos 200 infantes con sus equipajes; un general con su acompañamiento y 2 carros de municiones: a la inversa 2 id. Y uno cubierto. De Sanlúcar al Puerto unas 100 acémilas mayores y menores con sacos escoltados por 40 dragones y unos 50 infantes: de Puerto Real a Chiclana 200 id. Sin armas ni equipajes, muchos de ellos el parecer españoles; y al contrario 96 infantes y 4 carretas con efectos. – En el campo de Guía del Puerto han estado haciendo ejercicio de fuego unos 500 infantes, y en el campo de la Algaida del Trocadero han estado formados 500.

Día 25
De las 12 de ayer a las de hoy
Los enemigos han abandonado su línea, habiéndola ocupado nuestras tropas que se hallan en Puerto Real y el Trocadero.= En el castillo de Santa Catalina no ha quedado pieza alguna montada de resultas de haberle puesto fuego a las cureñas, repuestos y salchichones: también se han volado varios repuestos de sus baterías y la casa fuerte de la batería del Angulo.= Se retira una fuerte columna enemiga de infantería y caballería desde el Puerto a Xerez.= El místico 33 ha pasado a S. Lucar; a Rota el místico Terrible, y una división de la avanzada al mando del cap. de fra. D. Marcos Cruceta: estos han llegado a su destino estableciendo gobiernos provisionales. Del Puerto de Sta. María ha tomado posesión, con una división de la avanzada el brigadier D. Francisco Mourell; y del Caño del Trocadero el jefe de escuadra D. Juan José Martínez, comandante general de las fuerzas sutiles con varios buques de su mando.

Día 26
De las 12 de ayer a las de hoy
A las 9 ¾ de esta mañana se ha volado un repuesto de un reducto inmediato a la Cartuja de Xerez. Han entrado en el Puerto de Sta. María unos 200 infantes españoles.= Nuestros botes han conducido y conducen efectos desde Puerto Real a la Carraca. La batería inmediata al molino de Santa cruz ha estado ardiendo esta mañana. Siguen nuestras tropas componiendo los caminos y cortaduras de los arrecifes de Chiclana y Puerto Real.

Un tal Manolo escribiría en el Conciso un soneto como despedida a Soult:

Tanta fatiga, Soult, tanto sudar,
tanto estrépito horrible de cañón,
tanta cureña, obús y morterón,
tanta muerte, y estrago amenazar.
Tanto bullir, y tanto amontonar
bala, granada, bomba, y salchichón.
Tanta amenaza en tono fanfarrón,
tanto bajar, subir, parlamentar…
¿Tal trápala, y bullicio en que paró?
la gran ciudad de Alcides lo dirá
pues publicar tu gloria es su deber.
La luna treinta vueltas completó,
y al cabo, sin decirnos donde va....
Nuestro gran Mariscal echó á correr.


 UN OBÚS VILLANTROY DE LOS USADOS POR LOS FRANCESES EN EL ASEDIO DE CÁDIZ. SE ENCUENTRA EN LONDRES EN EL HORSE GUARDS PARADE. EN LA BASE FIGURA UNA PLACA CON LA SIGUIENTE INSCRIPCIÓN:
"Para conmemorar el levantamiento del asedio de Cádiz, debido a la gloriosa victoria ganada por el Duque de Wellington sobre los franceses cerca de Salamanca el 22 de julio de 1812, este mortero, cuya potencia no es sobrepasada por ningún otro, abandonado por los sitiadores fue presentado como símbolo de respeto y gratitud por la nación española a Su Alteza Real el Príncipe Regente" 
fotografía cortesia de José Montes http://wellington1810.blogspot.com/




ORATORIO DE SAN FELIPE NERI, SEDE QUE ALBERGÓ A LAS CORTES

REVERSO DE CARTA ESCRITA EN 1811 EN CÁDIZ

NÚMERO EXTRAORDINARIO DE LA GACETA DE LONDRES CON EL ANUNCIO DEL LEVANTAMIENTO DEL SITIO DE CÁDIZ

BOTONES DE LOS VOLUNTARIOS DISTINGUIDOS Y MILICIA URBANA DE CÁDIZ. DEFENSORES DE LA CIUDAD

lunes 25 de enero de 2010

UN PAPEL MARCADO POR LA HISTORIA

Hoy voy a mostrar un papel timbrado donde la historia ha dejado su huella. Se expide en el año 1808 para el reinado de Carlos IV, el valor del timbre son 40 maravedíes, sello cuarto.
En marzo ocurre el motín de Aranjuez y Fernando VII es proclamado Rey de España, por lo tanto el papel es habilitado para el reinado de este monarca. Tras los sucesos del 2 de mayo en Madrid Murat toma el gobierno, y al ser nombrado por Napoleón lugarteniente del reino, el documento vuelve a ser resellado. Durante el resto de 1808 el papel no es utilizado y se vuelve a timbrar para el año 1809, además al ser empleado en Cataluña se le añaden un sello en seco y otro en tinta correspondiente a este gobierno.



También quiero mostrar el timbre de José I
                                                      
                                             

Y el de la Regencia en 1812 habilitado para Fernando VII con el símbolo de la ciudad de Cádiz                                                

                                                              

martes 19 de enero de 2010

NUESTROS ALIADOS INGLESES - ARTURO PÉREZ-REVERTE | XLSEMANAL | 13 DE JULIO DE 2008

En el último número de la revista XL Semanal Arturo Pérez Reverte vuelve a tocar el tema napoleónico. Su artículo no lo voy a reproducir ya que se puede leer en varios blog como:

Hace tiempo que yo tengo ganas de poner otro de su autoría que tengo recortado y guardado como oro en paño, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid aquí va:

NUESTROS ALIADOS INGLESES

ARTURO PÉREZ-REVERTE
XLSemanal
13 de Julio de 2008


Esta semana que viene toca de nuevo conmemorar batallita. Y no se trata de una cualquiera: en Bailén, el 19 de julio de 1808, dos meses y medio después del 2 de Mayo, a las águilas de Bonaparte les hicieron cagar las plumas. Por primera vez en la historia de Europa, un ejército napoleónico tuvo que rendirse después de un partido de infarto, en el que nuestra selección nacional –tropas regulares, paisanos armados y guerrilleros– aguantó admirablemente los dos tiempos y la prórroga. También es verdad que fue la única vez que ganamos la copa, pues luego los franceses nos dieron siempre las del pulpo; o ganamos, cuando lo hicimos, con ayuda de las tropas inglesas que operaban en la Península. Si algo demostramos los españoles durante toda la campaña fue que para la insurrección y el dar por saco éramos unos superdotados, pero que a la hora de ponernos de acuerdo y combatir organizados no había quien nos conciliara. Paradojas de la guerra: por eso los gabachos nunca pudieron ganar. Acostumbrados a que alemanes o austriacos, por ejemplo, después de derrotados en el campo de batalla, se pusieran a sus órdenes con la policía y todo, preguntando muy serios a quién había que meter en la cárcel por antifrancés, no comprendían que los españoles, derrotados un día sí y otro también, no terminaran de rendirse nunca; y encima, en los ratos de calma, se incordiaran y mataran entre ellos mismos.
Al hilo de todo esto, un historiador británico se lamentaba hace poco de que aquí conmemoremos el bicentenario de aquella guerra con poco agradecimiento al papel que las tropas inglesas tuvieron en ella; ya que fueron éstas las que proporcionaron ejércitos disciplinados y coordinaron, con Wellington, las más decisivas operaciones. Y tiene razón ese historiador. En batallas y asedios, Bailén y los sitios aparte, la contribución británica fue decisiva. Lo que pasa es que de ahí a que los españoles deban agradecerlo, media un trecho. En primer lugar, los ingleses no desembarcaron para ayudarnos a sacudir el yugo francés, sino para establecer aquí una zona de continuo desgaste militar para su enemigo continental. Además, y salvo ilustres excepciones, su desprecio y arrogancia ante el pueblo español que se sacrificaba en la lucha fueron constantes, compartidos por la mayor parte de los historiadores británicos de entonces y de ahora. Por último, las tropas inglesas en suelo español se comportaron, a menudo, más como enemigas que como aliadas, cebándose en la población civil. Eso, manifestado ya durante la desastrosa retirada del general Moore en La Coruña, se evidenció en los saqueos de Ciudad Rodrigo, Badajoz y San Sebastián.

Y no hablo de trincar unas monedas y un par de candelabros. Historiadores españoles contemporáneos como Toreno y Muñoz Maldonado, por aquello de la delicadeza entre aliados, pasan por el asunto de puntillas; pero los mismos ingleses –Napier, Hamilton, Southey– lo cuentan con detalle. Sin olvidar la memoria local de los lugares afectados, donde todavía recuerdan los tristes días de la liberación británica. En Ciudad Rodrigo, por ejemplo, la toma de la ciudad a los franceses fue seguida de una borrachera colectiva –extraño, tratándose de ingleses–, asesinatos, saqueo de las casas de quienes salían a recibir alborozados a los libertadores, y violación de todas las señoras disponibles. Wellington atribuyó los excesos a que era la primera vez que sus tropas liberaban una ciudad española, y estaban poco acostumbradas; pero la cosa se repitió, aún peor, en la toma de Badajoz, donde 10.000 ingleses borrachos saquearon, violaron y mataron españoles durante dos días y dos noches, y culminó en San Sebastián, donde al retirarse los franceses y salir los vecinos a recibir a los libertadores, éstos se entregaron a una orgía de violencia, saqueos y violaciones masivas que no respetó a nadie. Luego vino el incendio de la ciudad: de 600 casas, de las que sólo 60 habían sido destruidas durante el asedio, quedaron 40 en pie. Habría sido ahí muy útil la feroz disciplina que, más tarde, Wellington impuso a las tropas que lo acompañaron en la invasión de Francia, cuando fusilaba sin contemplaciones a todo español que cometía algún exceso como revancha contra los franceses.

Puestos a eso, la verdad, simpatizo un pelín más con los gabachos. Al menos ellos saqueaban, mataban y violaban porque eran enemigos, tomando al asalto ciudades donde hasta los niños te endiñaban un navajazo. Los súbditos de Su Graciosa son harina de otro costal: iban a lo suyo y los españoles les importaban un carajo. Así que, en lo que a mí se refiere, que a Wellington y las tropas inglesas los homenajee en Londres su puta madre.

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Un artículo que a más de uno no le gustará, pero yo tengo la misma opinión que Reverte y eso que mi único libro trata sobre la estancia de mi amigo Wellington por la provincia de Valladolid en 1812.

Por cierto, tus saludos a Wellington y Valladolid han llegado a su destino, también te deseo un feliz año y suerte en esa ciudad de Cádiz bombardeada desde el Trocadero

sábado 16 de enero de 2010

DESDE LOS RESTOS DE UN PUENTE SOBRE EL DURATÓN HASTA BUITRAGO DE LOZOYA

Hoy he subido con José Montes, autor del blog: http://wellington1810.blogspot.com/, al puerto de Somosierra. Teníamos ganas de hacer una pequeña excursión después de tantas semanas sin poder salir a causa del mal tiempo que tenemos últimamente. La intención era recorrer el campo de batalla, visitar los restos del fuerte francés y terminar en Buitrago de Lozoya. Al final el plan no se ha podido cumplir, cuando llegamos a los restos del puente sobre el Duratón una fuerte lluvia de agua-nieve nos ha acompañado durante la ascensión a la cima del puerto. Calados como estábamos hemos desechado la subida al fuerte y nos hemos ido a Buitrago, población donde se hospedó Napoleón después de la batalla y donde escribe a su hermano comunicándole la victoria conseguida.

Al llegar a Somosierra la primera visita es para la casa parroquial donde se encuentra un pequeño museo relacionado con la batalla. Este edificio sirvió de alojamiento a Carlos IV y su mujer, a la reina de Etruria, a Murat y Jose I, como cuartel general de Benito San Juán y es posible que Napoleón también descansara un poco en él antes de continuar hacia Buitrago.




Desde la cima del puerto el campo de batalla siempre impresiona:



Tras descender por el actual camino llegamos a los restos del puente sobre el río Duratón. Bajo su arco Lejeume descubrió cadavéres de soldados franceses ocultados allí por los españoles. Más tarde pintaría este escenario en su famoso cuadro dedicado a la batalla:











Aquí aparecemos los dos sobre el puente:



Continuamos bajando hacia las posiciones iniciales francesas:



Este es el comienzo de la carga de la caballería polaca, los restos del puente están a la izquierda:



Vista de la ascensión, a la izquierda el lugar donde estaba emplazado el molino y donde fue situada la primera batería española:




Ya en la cima y dentro de la ermita podemos apreciar esta vidriera:



Tras la batalla Napoleón reanuda la marcha hasta la población de Buitrago de Lozoya. Todavía serían visibles los daños causados por sus tropas durante el verano, cuando José I se hospedó en ella tras abandonar la capital de España ante la noticia de la derrota de Bailén:

La justicia de Buítrago con fecha 19 de agosto último refiere los sacrilegios, abominaciones, ultrajes, muertes, incendios y saqueos que cometieron las tropas francesas que a su retirada de esta corte pasaron con Josef por aquella villa el 4 del mismo. En Braojos profanaron los templos, robando sus vasos sagrados, arrojando las santas formas , y llevándose todas las vestiduras y ornamentos. En Buitrago destinaron una de las ermitas para cuadra de los caballos, con robo de las alhajas, destrozando las imágenes. En otro pueblo inmediato mataron dos hombres y una mujer, arrojaron el vino que no se bebieron, quebrando las medidas y tinajas; saquearon varias casas, matando las gallinas y cerdos, con robo de caballos, yeguas, reses vacunas y ganado lanar; saquearon todos los pueblos de las inmediaciones, y quemaron nueve casas. En Gandullas abrasaron las mieses, haciendo lo mismo del bosque y lavadero del Excmo. Sr. duque del Infantado; y aun en el mismo cuarto en que se alojó Josef forzaron los escritorios y robaron lo que había en ellos; dejando a Buitrago y sus pueblos inmediatos en la mayor consternación y miseria, viéndose precisadas las gentes para libertarse de semejantes fieras á salirse á los campos, abandonando sus casas y bienes.
Diario de Madrid 8 de septiembre de 1808














Otras entradas sobre Somosierra en este blog:
http://1808-1814escenarios.blogspot.com/2008/11/batalla-de-somosierra-30-de-noviembre_4403.html
http://1808-1814escenarios.blogspot.com/2008/11/batalla-de-somosierra-30-de-noviembre_2698.html
http://1808-1814escenarios.blogspot.com/2009/05/el-fuerte-frances-de-somosierra.html

martes 5 de enero de 2010

SE SOLICITA ZONA BIC EL CAMPO DE BATALLA DE MEDINA DE RIOSECO




Una muy buena noticia:

EL DÍA DE VALLADOLID
4/1/2010
M.G.MARBÁN/RIOSECO

El histórico paraje de Medina de Rioseco conocido como el Moclín, donde el 14 de julio 1808 tuvo lugar la histórica batalla que enfrentó en la Guerra de la Independencia a las ejércitos español y francés, podría ser un nuevo Bien de Interés Cultural con el que contara el rico patrimonio riosecano si llega a buen puerto el procedimiento para su declaración en la categoría de Sitio Histórico que acaba de incoar la Dirección General de Patrimonio de la Junta de Castilla y León según resolución de 27 de noviembre que publicó el Bocyl el 28 de diciembre.
El Ayuntamiento riosecano promueve la solicitud de la declaración según acuerdo de pleno de 2008, coincidiendo con el año en el que Rioseco conmemoró el bicentenario de la histórica batalla.
Lugar histórico. El alcalde riosecano, Artemio Domínguez, destacó la importancia de la declaración por ser «un lugar que pertenece a la historia de Rioseco, pero también a la de España», y recordó que «pocos escenarios de la Guerra de la Independencia permanecen tan vírgenes como el Moclín». Por eso, el regidor indicó que «tanto nosotros como las generaciones futuras tenemos que preservar este lugar histórico».
En la resolución se hace constar que el inicio del procedimiento determinará, respecto al bien afectado, la aplicación inmediata y provisional del régimen de protección previsto para los bienes declarados de interés cultural.
En un anexo de la resolución publicada se describe y se delimita el paraje que se pretende declarar como Sitio Histórico y se hace un resumen de la batalla, así como de la repercusión y la importancia que tuvo, hasta el punto de que Napoleón expresó que «la batalla de Medina de Rioseco ha puesto a mi hermano José en el trono de Madrid».
El inicio de este procedimiento viene a coincidir con el que ya se está llevando a cabo para declarar BIC en la categoría de Monumento a la Fábrica de Harinas San Antonio en la dársena del Canal de Castilla de Rioseco y que fue incoado según Resolución de 28 de febrero de 2008. El objetivo es proteger este emblemático edificio y su magnífica maquinaria.
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Para saber más sobre la batalla:
http://1808-1814escenarios.blogspot.com/2009/04/batalla-de-medina-de-rioseco-14-de.html

LA CIUDADELA DEL BUEN RETIRO - ANEXO I



Sureda por Francisco de Goya

Anexo I del artículo sobre la Ciudadela del Buen Retiro:

En el Archivo General de Palacio he encontrado documentación de la Real Fábrica de Porcelana. En ella se describe el estado de la misma, a principios de 1809, ya ocupada por las tropas francesas. Tras leerla me confirmo en que la motivación de los ingleses cuando volaron su edificio en 1812 era no dejar un punto fortificado a los franceses a su vuelta a  Madrid. La fábrica estaba completamente desmantelada ya en 1809.
Los documentos son solicitudes del director de la fábrica don Bartolomé Sureda para que se pueda salvar lo poco que queda de los materiales que hay en sus instalaciones y peticiones para ayudar económicamente a sus trabajadores.

Att. Del Excelentísimo señor Conde de Melito
Habiendo representado al Sr. Conde de Cabarrús la necesidad de mudar de la Real Fábrica de Porcelana los pocos efectos que han quedado en ella para que no se acabasen de inutilizar, con fecha 10 del corriente me participa dicho señor me entienda con V.E. sobre el particular por ser el encargado de todos los establecimientos de Palacio, como superintendente general que es de la Real Casa a cuyo efecto le había dirigido mis dos oficios de 7 y 9 del mismo. Por otra orden de 14 de dicho mes, me avisó el citado señor conde de Cabarrús, pasase inmediatamente a la Real Fábrica de Porcelana a esperar en ella a V.E. lo que ejecuté sin demora alguna más no habiendo tenido el honor de ver a V.E. por que tal vez no se lo permitiría sus ocupaciones, me pareció muy justo pasar al Real Sitio del Pardo a ofrecerme a la disposición de V.E. y recibir sus ordenes sobre lo que tenía representado y cualesquiera otra cosa que tuviera a bien comunicarme, pero por desgracia tampoco pude ver a V.E. por hallarse ocupado con S.M. por cuya razón no puedo menos de repetirle la indispensable necesidad de que con su permiso se trasladen los pocos efectos que han quedado en dicha Real Fábrica para que no se acaben de destruir todos, pues la tropa ignorando cuanto valen los destruyeron a su entrada sin saber el daño que ocasionaron en los intereses de S.M. pues la fábrica según el estado en que ha quedado, es imposible continúe en sus labores sin tener que sufrir un crecido desembolso el erario para el habilito de los utensilios y talleres que se hallan totalmente arruinados sin hacer presente a V.E. el miserable estado a que han quedado reducidos sus operarios por haber sido saqueados y padecer el atraso de nueve meses en los pagos de sus sueldos.
En esta atención, si V.E. dispusiese que los citados efectos se trasladen a la casa en que se pusieron anteriormente por disposición del señor Gran Duque de Berg [en la calle del Turco] es indispensable ordene que por la Tesorería General se me entreguen de cinco a seis mil reales para los gastos de la mudanza y sino que en una de las piezas de dicha fábrica se pusiesen todos con la seguridad correspondiente hasta que S.M. determine lo que tenga por conveniente.

Real Fábrica de Porcelana
18 de diciembre de 1808
Bartolomé Sureda

Sureda vuelve a presentar a mediados de enero de 1809 un memorial para solicitar que los trabajadores de la fábrica puedan seguir cobrando sus nóminas. Es interesante por el resumen histórico que hace:

… Al advenimiento del señor don Carlos 3º al trono de España trajo de la ciudad de Nápoles varios artistas para establecer una Real Fábrica de Porcelana, igual a la que tenía en dicha ciudad.
A este efecto hizo construir en el Real Sitio del Buen Retiro el edificio que existe en él para dicha fábrica y habitación de sus operarios creando para jefe de ella un intendente que lo fue siempre un ayuda de cámara de su real persona, el cual corría con los caudales que se entregaban para gastos de las obras y sueldo de los citados operarios cuyas cuentas rendía a su debido tiempo la superioridad.
Todas las obras que se ejecutaban en la citada fábrica eran destinadas únicamente para servicio de la real persona mediante a que este establecimiento ha sido siempre más una casa de recreo de S.M. que de utilidades, por cuya razón todos los caudales que se invertían en el se han entregado por la tesorería general.
En consideración a todo lo dicho S.M. ha concedido siempre a las viudas de los citados operarios por su fallecimiento la tercera parte del sueldo que gozaban aquellos, y además a octava de dicha tercera parte para pagar habitación en Madrid, en atención a que luego que fallecen sus maridos dejan desocupada la que tenían en la citada casa, de que dimanan las viudas y huérfanos que constan en la relación de individuos.
Bajo este mismo sistema continuo el establecimiento en el reinado del señor don Carlos 4º haciéndose la porcelana igual a la de Nápoles con el mismo fin de surtir la real servidumbre, hasta que determinó S.M. en el año de 1791 que del sobrante de dicha porcelana después de dar la necesaria para los usos de Palacio se vendiese al público, estableciendo para ello un despacho con los dependientes que constan en la relación de estos, que acompaña.
Habiéndose mejorado en todo este tiempo la fabricación en Francia a imitación de la de Sajonia dispuso S.M. que de su real cuenta pasase a París don Bartolomé Sureda (actual director de la insinuada fábrica) para instruirse en el método de mejorar la fabricación y poner en el estado de perfección en que se hallan las fábricas de Francia, ésta.
Así se verificó y habiendo regresado el citado don Bartolomé Sureda, y hecho las pruebas de la nueva fabricación ordenó S.M que la precitada su Real Fábrica se arreglase bajo el sistema de gobierno y administración que consta del reglamento Nº 1 que se adjunta.
En este estado se hallaba dicho establecimiento esmerándose cada uno de los individuos de el por corresponder a los deseos de S.M. cuando han ocurrido las extraordinarias novedades en esta monarquía que entorpecieron los progresos de la fábrica, por que como va dicho dependía su subsistencia del gobierno padeciendo los pobres individuos el crecido atraso de nueve meses en el cobro de sus sueldos faltando igualmente los caudales para las labores y acopios de materiales necesarios para la fabricación, mas sin embargo los pocos que existían en ella, continuaban ocupados sus dependientes lisonjeándose de que mejorando las circunstancias se restablecería dicha fábrica, único recurso con que constaban para su subsistencia, por ser sola ella la que hay en todo el reyno, hasta que por el serenísimo señor gran Duque de Berg se mandó desalojarla y trasladar todos los efectos mas precisos para que continuasen en sus ocupaciones los citados individuos a una casa perteneciente a la Real Hacienda, situada en la calle del Turco, ordenando igualmente que a los individuos se les abonase por Tesorería General la octava parte de sus sueldos para pagar casa en Madrid, mediante a que sus habitaciones fueron destinadas para las tropas francesas en cuya traslación y estancia de las citadas tropas en dicha casa, se destruyeron parte de sus talleres, y extraviaron gran número de piezas y enseres de que se dio cuenta a la superioridad, pero habiendo evacuado aquellas así dicha casa como esta Villa se les mando restituir a ella, y que continuasen como anteriormente en sus tareas.
En este estado se hallaban cuando han vuelto las citadas tropas a dicha villa siendo el primer edificio de ella que ocuparon por su localidad, habiéndole destruido todos los enseres que sin un crecido desembolso del erario no se pueden reparar, y lo que es peor a sus pobres individuos reducidos a la mas miserable mendiguez por haber perdido sus equipajes y cuanto tenían estos infelices para sus sustento, siendo dignos de la mayor compasión.
…..
Cuando ocuparon las tropas francesas dicha Real Fábrica el día 3 de diciembre anterior, además de haber destruido todos o la mayor parte de sus enseres, extraviaron toda la porcelana que en crecida cantidad y diferentes estados existía en ella.

Madrid 12 de enero de 1809
Bartolomé Sureda

El nuevo gobierno no tiene intención de volver a poner en marcha la fábrica y Sureda marcha a París. En su solicitud para el viaje justifica el aprender nuevas formas de fabricación de porcelana. Vuelve en 1814 y pasa a las reales fábricas de hilados de Guadalajara. En 1821 es destinado a la nueva fábrica de porcelana en la Moncloa para en 1829 retirarse.


Fuente:
Archivo General de Palacio
Sección José I
Caja 115 – Expediente 5

viernes 1 de enero de 2010

VALENCIA 28 DE JUNIO DE 1808



Planos del Ministerio de Defensa



VISTAS DE VALENCIA (obtenidas de butronmaker.blogspot.com)







VALENCIA EN LA ACTUALIDAD






PUERTA DE QUART



















FRENTE A LA PUERTA, POR DONDE SE PRODUCE EL ATAQUE FRANCÉS A ESTA POSICIÓN


BALA DE CAÑÓN ENCONTRADA INCRUSTADA EN LA PUERTA DE QUART DURANTE LA RESTAURACIÓN  DE 2006. SE HAN CONTABILIZADO 132 MARCAS DE PROYECTIL DE ARTILLERÍA EN LA PUERTA. FOTO lasprovincias.es 11/7/2006


VISTA DE VALENCIA DESDE LA PUERTA


DESDE LA PUERTA MIRANDO HACIA DONDE ESTABA SITUADO EL REDUCTO DE STA. CATALINA

PUERTA DE SERRANOS










De esta agitación y revolución valenciana quiso aprovecharse sin duda el mariscal francés Moncey para apoderarse de la rica Valencia, y partió para aquella ciudad con doce mil infantes, mil y ochocientos caballos y un tren de artillería de diez y ocho bocas de fuego de varios calibres, y penetró la aspereza y escabrosidad de las Contreras y Cabrillas, puntos que ocupaban unas gentes acabadas de alistar, y sin ningún uso ó ejercicio en las armas. Unos ochocientos suizos y doscientos guardias españolas eran los únicos soldados de línea que con un corto número de artilleros y bastante paisanaje estaban á la defensa del puente de Pajazo, que después de una resistencia bien sostenida tuvieron que abandonar y ceder á la fuerza enemiga, que superó cuantos obstáculos se le presentaron en las Cabrillas y el Buñol.
Esta villa pagó por decontado la oposición de los españoles, pues en dos días que la ocuparon los franceses no se oían mas que llantos, ni veían más que estragos y muertes. Las tímidas mujeres huían precipitadamente sin saber á donde se dirigían; y sorprendidas por la soldadesca eran victimas de su desenfrenada lujuria.
Al cabo, de tres días consecutivos, de ultrajes, robos y asesinatos, se pusieron en marcha los franceses para la capital del reino, á tiempo que ya eran cerciorados sus habitantes de que aquellos habían vencido los pasos de las Contreras y Cabrillas, y á toda prisa se dieron las disposiciones; mas vigorosas para su defensa. En la ermita de S. Onofre, camino real de Madrid, formó el brigadier de los reales ejércitos D. José Caro su ejército, compuesto de unos nueve mil hombres entre veteranos y acabados de alistar con un cúmulo bastante grande de paisanos y eclesiásticos regulares y seculares, tres cañones y cien caballos. Apenas era formado este cuerpo cuando se presentó una poca caballería enemiga, que desapareció al primer cañonazo que se la disparó, y á breve rato se rompió el fuego por el ala derecha que ocupaba la orilla del río hasta Manises. Por momentos se empeñaba mas la acción, sosteniéndola cada parte con valor y denuedo. Por dos veces perdieron terreno los franceses pero volviendo á cargar con todas sus fuerzas y artillería por toda la extensión de la línea consiguieron desordenar á los paisanos; y apoderándose de todos estos la turbación y el espanto, huyeron muchos, y con orden del general comandante se retiraron los demás, poniéndose todos á cubierto de los muros de la capital. Al capitán general de ésta intimó por segunda vez Moncey le franquease las puertas amigablemente, que no venía á ofender, sino á sosegar á aquella alborotada ciudad y hacerla feliz, reuniendo loa espíritus de todos sus pobladores; y de no acceder á propuesta tan ventajosa, no habría mas remedio que morir. Arenga estudiada por todos los generales de Napoleón al aproximarse á cualquier pueblo donde contemplaban alguna fuerza y resistencia, pero que no escuchaba éste convencido de la falacia de sus promesas y ofertas. Así Valencia se negó á abrirle sus puertas, asegurándole prefería la muerte á todo acomodamiento.
Irritado Moncey con semejante respuesta, rompió el fuego al mediodía del 28 de junio, dirigiendo sus primeros tiros contra la batería de santa Catalina, que sucesivamente extendió á todas las demás de la ciudad; pero los comandantes y oficiales que dirigían estas le correspondieron con tal actividad y acierto, que á las siete horas de fuegos continuos y ataques interrumpidos tuvo Moncey que retirarse con precipitación y confusión, habiendo dejado llenos de cadáveres los grandes fosos que con este objeto abrió, sin contar los muchos que arrojó al río.
Así cubierto de ignominia volvió á repasar la Mancha, cuyos moradores aumentaron considerablemente su anterior pérdida , entrando en Madrid con solo cuatro mil y quinientos hombres, y la mayor parte de estos heridos y maltratados.
Resumen histórico de la revolución de España, año de 1808 
Escrito por Manuel Salmón, 1820


El 28 al amanecer recibió orden de la Junta el teniente coronel Miranda para que con la fuerza reunida de su regimiento pasase a tomar posición en Paterna y Manises, parte izquierda del río Turia, en donde aumentó sus fuerzas con 400 o 500 hombres de la dispersión de la tarde anterior de los cuerpos de Saboya, América, Provincial de Soria, oficiales de todos regimientos y dos o tres mil paisanos armados y desarmados. Con todos formó un cordón de guerrillas mezclándolos, cubriendo de este modo toda la izquierda del río hasta la Alameda de Valencia con cuya disposición franqueaba los movimientos que los enemigos intentasen contra la plaza y sostenía los que pudiesen dirigir a los arrabales.
A las 9 o 10 de la mañana, reunido el ejército francés en Quart, hizo su movimiento sobre la ciudad marchando en 3 columnas, defendidas con centenares de guerrillas colocadas en el frente y flancos de ellas, mandando otras para responder a los fuegos que hacían las del teniente coronel Miranda y a las del paisanaje de la Huerta. La artillería marchaba entre el claro de 1ª y 2ª columna. Luego que llegaron a la Cruz de Mislata, la de la cabeza y artillería siguieron el camino real que va a la Puerta de Quart, la 2ª por el de la Azud que sale al centro de esta puerta, y la de la Trinidad en donde se había construido la batería de Santa Catalina y la 3ª por los molinos de la Misericordia que dirigen al camino de Jesús. La 1ª columna emprendió su ataque contra la puerta de Quart, teniendo el atrevimiento de verificarlo en columna cerrada por medio de la calle del mismo nombre, por cuya razón pagaron pronto su temeridad con el fuego de metralla de un cañón de a 24 que había colocado en la misma puerta. Por dos veces repitieron igual ataque en esta formación desistiendo de su empresa por haber cubierto la calle de cadáveres. En seguida, a la desfilada, abrigados de las paredes consiguieron algunos acercarse hasta tiro de pistola de la puerta. La pieza de a 24, que queda nominada, estaba establecida en el interior de la puerta, para hacer fuego se abrían sus hojas, cerrándolas para cargarla sosteniendo esta operación por dos de a tres colocados en el torreón, y la fusilería de muralla. Los franceses situaron una batería de 4 obuses y dos cañones en los molinos nuevos y siete muelas dirigiendo sus tiros a la plaza.
La columna que hizo su movimiento por el camino de la Azud con 3 piezas de artillería atacó al fuerte de Santa Catalina, el que después de dos horas de resistencia batió completamente al enemigo cubriéndose de gloria el bizarro capitán D. Santiago Olabo que la mandaba, contribuyendo a tan buen éxito los fuegos de muralla y los de guerrilla de flanco.
La 3ª columna haciendo varios movimientos con centenares de guerrillas amenazaban a las puertas del Carbón y San Vicente, a las 4 de la tarde todo el fuego que hacían eran el de guerrillas contra las murallas y el de artillería a la ciudad, correspondidos por la fusilería que la guarnecía y las baterías de Santa Catalina y puerta de Quart. A las 7 se retiraron a su antigua posición.
En circunstancias tan críticas cuales quedan referidas y en las que parecía que el pueblo valenciano debía estar acobardado fue todo lo contrario, y sería hacer una injusticia a su heroicidad sino dijese que se veía adornado de un entusiasmo sin igual y de un valor sin límites a sus habitantes, solo se les oía decir: vencer o morir, expresiones que hasta las más débiles criaturas pronunciaban, suministrando en medio de los peligros que a todos amenazaban cuantos efectos necesitaban. La artillería e ingenieros todo con el mayor orden y satisfacción, viéndose del mismo modo arrojar por los balcones hierro para el uso de metralla, privándose de ciertos enseres por contribuir cada uno por su parte al fin de tan justa defensa, el más pobre con un desinterés sin ejemplo abandonaba su cama para que del colchón se formasen parapetos y de su sábanas hilas y saquillos, no había ocupación por arriesgada que se presentase en donde los vecinos del pueblo valenciano no se empleasen con el mayor valor y en donde los ataques lo exigían conducían a brazo las piezas de artillería, siendo mas admirable el arreglo en todos los movimientos a pesar del corto número de tropas que había, debido sin duda a que en el corazón de toda clase de personas no reinaba otra idea que la de oponerse a toda costa a la victoria que creía suya el enemigo.
El general Llamas, con los batallones que quedan referidos marchaba a su orden el del Guardias Españolas y 1º de Saboya, en esta misma tarde llevó a Chiva de cuya operación quedo amenazando al enemigo por retaguardia: a las 9 de la noche fue reforzado el teniente coronel Miranda con el regimiento de Borbón, 200 soldados Walones incorporados y poca mayor fuerza que había reunido de las armas de infantería y caballería, salio del punto para Alcira en donde mandó cortar su puente. El general en jefe conde de Cervellón hizo su movimiento para el mismo destino desde el que se encontraba al que llegó el 31.
Archivo Histórico Nacional,DIVERSOS-COLECCIONES,74,N.36


Que habiendo intimado la rendición a Valencia por el mariscal Moncey y divulgándose esta noticia por la ciudad, acudió el pueblo a dicha Junta Suprema diciendo que no querían rendirse, y sí defenderse. Que dada esta contestación a Moncey avanzó éste con su ejército y atacó la ciudad a las dos de la tarde del día 28 de junio de 1808, arrojando al mismo tiempo sin cesar granadas y balas a la ciudad. Pero los vecinos se colocaron los unos en las murallas de donde hacían fuego, otros en una batería que se formó aquella misma mañana en el punto que llaman de la torre de Santa Catalina, junto al río, desde la cual hacían el fuego a los enemigos que atacaban por aquel punto. Otros en la puerta de Quart en la cual se habían colocado dos cañones y estuvieron haciendo fuego al enemigo cada vez que intentaba atacar, otros a la puerta y muro de Santa Lucía, por cuyo punto intentó el enemigo batir la muralla, lo que no pudo conseguir pues se le desmontó el cañón con que la batía, y los demás, tanto mujeres como niños, hicieron el servicio de acudir con los enseres que se pedían en dichos puntos, llevar las municiones y asistir a los heridos que hubo. Viendo el enemigo que iba ya a oscurecer el día sin haber conseguido adelanto alguno se retiró, y al otro día emprendió la marcha para Madrid, sin que hubiese más tropas en la ciudad en dicha tarde que el cuerpo de inválidos que colocó en la puerta de Quart y más ordenanzas de caballería que eran las que llevaban los partes a dicha Junta y comunicaban las órdenes de esta.
Marqués de Cruillas
ES.28079.AHN/1.5.1.145.4.1.1.57.2//DIVERSOS-COLECCIONES,136,N.33

lunes 21 de diciembre de 2009

SALIDA DEL EJÉRCITO FRANCÉS DE MADRID 30 DE JULIO 1808

José I entra por primera vez en Madrid el día 20 de julio de 1808, pero su estancia en la capital de España es corta: el día 1 de agosto tiene que abandonar la villa, a causa de las noticias que llegan de la derrota del ejército de Dupont en Bailén.
Este documento es la orden del día 30 de julio del ejército francés en Madrid. Contiene las disposiciones y órdenes para realizar la evacuación. La carta que muestro es la que reciben los marinos de la guardia, que se encuentran acuartelados en el cuartel del Conde Duque. Esta unidad de elite es la que representa Goya en el cuadro los fusilamientos del 3 de mayo.










Los fusilamientos del 3 de mayo. Francisco de Goya


Cuartel del Conde Duque

lunes 14 de diciembre de 2009

CABEZÓN DE PISUERGA - 12 DE JULIO DE 1808







Historia política y militar de la Guerra de la Independencia de España
José Muñoz Maldonado

Valladolid, la capital de Castilla, se hallaba levantada en masa contra los franceses, aunque su situación era la más funesta. Un ejército francés en Burgos, con la entrada franca para recibir refuerzos, otro dueño de Madrid y de Guadarrama, y otro en Almeida, amenazaban invadir por todas partes las llanuras de Castilla, donde no había mas tropas que una parte del regimiento de la Reina, sin un cartucho y sin un fusil, hallándose sin comunicación con las demás provincias, y sin esperanza de socorro alguno extranjero, que la localidad de Castilla no permitía pedir ni lograr.


El Capitán general de los Reales ejércitos Don Gregorio García de la Cuesta, anciano respetable; que, después de haber sido Gobernador del Consejo de Castilla, fue arrancado de esta suprema magistratura en 1801 , y confinado á un penoso destierro por la perversidad de Godoy, en cuyo estado permaneció siete años , mandaba entonces en Valladolid. En vano los franceses para atraerle á su partido le concedieron la alta distinción de Virrey de Méjico. Cuesta rehusó con firmeza unos honores que emanaban de un poder ilegítimo. El pueblo clamaba fuertemente por armas y municiones, que no había, y ansiaba por salir á buscar á los enemigos. Al mismo tiempo se formó una Junta suprema de gobierno, y se enviaron á pedir municiones y artillería á Segovia. Esta provincia, que desde los primeros días de Junio había proclamado á Fernando VII y la independencia nacional, fue atacada el día 6 de Junio por una columna , que al mando del General Frere envió Murat para reducirla á la obediencia. Los habitantes de Segovia respondieron á cañonazos á la intimación de rendirse que les hizo Frere; pero después de una corta resistencia entró en la ciudad, apoderándose de parte del gran parque de artillería que había en la misma.


El Comandante de artillería de Segovia, Mariscal de Campo Don Miguel Ceballos, por no caer en poder de los franceses huyó con algunos oficiales y soldados, y cuatro piezas de campaña, dirigiéndose á Valladolid para combatir al enemigo bajo las órdenes de Cuesta; pero la noticia de la rendición de Segovia le precedió en su marcha; el pueblo no vio en este desastre mas que una traición, y lejos de recibir con los brazos abiertos este refuerzo que acababa de escapar de las manos del enemigo, sale atropelladamente á las puertas de la ciudad, y apellidando traidor al que venia á combatir por ellos, le hacen cruelmente pedazos , y llevando en .triunfo sus miembros palpitantes, piden al Capitán general Cuesta se les entreguen armas y conduzca al combate. En vano Cuesta intentó disuadir á la plebe amotinada, haciéndola ver la necesidad de guardar su valor para mejor ocasión, y la imposibilidad de vencer á unos numerosos y aguerridos enemigos. La .catástrofe de Ceballos le hizo presentir su suerte, y por no ser víctima del furor del pueblo les distribuyó las pocas armas que había, y empezó á organizados por barrios.


Bessieres, viendo que esta insurrección le cortaba la comunicación con Madrid hizo suspender la expedición de Santander, juzgando mas urgente calmar el alzamiento de Valladolid, á donde hizo marchar al General Lasalle con una división de 4.000 hombres, 700caballos y 10 piezas de artillería. El 5 de Junio salió de Burgos Lasalle, y el 6 por la tarde se presentó delante de Torquemada.

http://1808-1814escenarios.blogspot.com/2009/10/torquemada-6-de-junio-1808.html

Él día 7 las tropas del general Lasalle llegaron á Palencia. La noticia del saqueo é incendio de Torquemada habían llenado de terror á sus habitantes. Una diputación presidida por el Obispo vino á presentar al General francés la sumisión de la ciudad, donde entraron las tropas sin la menor resistencia. Después de haber desarmado á todos los habitantes de aquella provincia , Lasalle se dirigió á Dueñas, donde debían reunírsele, para apoyar sus operaciones, las tropas del General Merle, que marchaban contra Santander, y se hallaban detenidas en Reinosa.


Ínterin recibía estos refuerzos escribió Lasalle al General Cuesta, invitándole á deponer las armas, y reconocer la autoridad de los franceses, ofreciendo tratar con clemencia á los habitantes de Valladolid. Las cartas quedaron sin contestación, y el pueblo hubiera despedazado á los conductores, á no haber elegido Lasalle para esta misión á dos eclesiásticos de Palencia.


Cuesta dispuso que el Teniente general Don Francisco Eguía, que casualmente se hallaba en Valladolid, saliese con un destacamento de Guardias de Corps, que oportunamente acababa de llegar de vuelta de Bayona, algunos Carabineros procedentes de Burgos, dos escuadrones de caballería de la Reina, las cuatro piezas de artillería que habían llegado de Segovia, y unos 400 paisanos á cubrir el puente de Cabezón, sobre el Pisuerga, para detener el enemigo. Cuesta, que tomó esta medida, como hemos dicho, mas con el objeto de seguir el imperioso impulso del pueblo, que con el de contener á los enemigos , cuyas fuerzas eran respetables, salió á situarse al puente , dos leguas de Valladolid, con los habitantes de esta ciudad, formados por barrios, dejando dispuesto, que en el caso de tener que ceder, como parecía indispensable, á fuerzas tan superiores, las autoridades saliesen á recibir al General Lasalle, para que el vecindario fuese tratado con menos rigor.


El 11 las dos divisiones francesas se reunieron en Dueñas, villa situada á seis leguas de Valladolid, mas abajo de la confluencia del Carrion y el Pisuerga, y marcharon á atacar la posición de Cabezón: Lasalle á embestirla de frente por el camino real, y Merle á situarse sobre Cigales y Fuensaldaña, con el objeto de cortar á los españoles su retirada sobre León.


El día 12 á las diez de la mañana las columnas de Merle atacaron las fuerzas del General Cuesta, situadas sobre el Pisuerga, delante de Cabezón. La caballería de Lasalle avanzó en batalla á la llanura que hay á la izquierda del camino, mientras que la infantería marchaba derecha á apoderarse del puente. Los paisanos sostuvieron con valor la primera carga, é hicieron retroceder al enemigo; pero al cabo de dos horas de un obstinado combate, y después de haber causado á los franceses la pérdida de más de 700 hombres, cedieron á la superioridad de sus fuerzas. No pudieron resistir la carga de la caballería francesa, que se apoderó del puente y de las cuatro piezas de artillería, persiguiendo á los paisanos con tal ardor, que muchos de ellos se arrojaron y ahogaron en el Pisuerga.


El General Cuesta se retiró á Rioseco, pasando por Valladolid, y después á Benavente. Los Generales franceses detuvieron sus tropas á una legua de Valladolid. Bessieres les había encargado no destruyesen esta ciudad. A las cuatro de la tarde el Obispo, los miembros del Ayuntamiento, los Magistrados de la Chancillería salieron al encuentro del vencedor, le ofrecieron su sumisión, y entraron los franceses en la ciudad aquella misma tarde.

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Diario de Valladolid
Hilarión Sancho

El 18 (mayo) tomó posesión de presidente de esta Real Chancillería el Excmo. Sr. General D. Gregorio de la Cuesta, sin más ceremonia que bajar de su habitación a la sala pública, extendidos los subalternos por las escaleras y tránsito. Esta posesión se le dio de orden de Murat, ofreciéndole remitir el título, sin embargo de que el nombramiento le obtuvo del rey Fernando 7.º Desde cuya época a la presente los presidentes de la Chancillería no han sido recibidos a la posesión de otra manera, según se usaba, que era salir en coches los oidores y todas las demás autoridades, y subalternos de los tribunales a recibirle hasta el convento del Carmen Calzado, trayéndole por las calles públicas hasta dejarle en su casa, que es en la que se halla la Real Chancillería. Hasta el 31 de Mayo venían órdenes de buen gobierno de Murat el que pretendía muy particularmente se proclamase por Rey a José Napoleón, en virtud de la renuncia que Fernando VII había hecho de la corona en Napoleón estando en Bayona. El pueblo lleno de cólera y deseoso de vengar las infamias cometidas por Napoleón, se conjuró contra él y con el mayor valor se propuso tomar la venganza hasta lograr su ruina y la libertad de su amado rey Fernando; así es que en el propio día 31 de Mayo se tumultuó el pueblo, precedido el toque de campanas a rebato. Reunido por la tarde en la plaza mayor crecido número de paisanos de todas clases, fueron a casa del general Cuesta a pedirle armas, y les respondió que daría parte al Real Acuerdo para resolver; sin embargo, los paisanos por su propia autoridad comenzaron a recoger fusiles que los franceses habían dejado en San Francisco, Carmen Calzado y Hospital general, y en este aún había franceses enfermos sin que se les hiciese el más leve daño. El día anterior, que estaba el pueblo tranquilo, pasó por Valladolid para Madrid el duque de Frías, y se dijo en el pueblo que convenía ir a su alcance, pues era afrancesado; pero con el alboroto de que hemos hablado, nadie pensó en él.



El Acuerdo de la Chancillería mandó que el pueblo se aquietase, pues se había resuelto hacer un alistamiento, pero siguió alborotado, se pusieron guardas de paisanos a las puertas, y en 1.º de Junio retuvieron 60 carretas y 9 carros de trigo que iban para Madrid. Fueron presas varias personas avecindadas con el dictado de traidoras, por haber sido intérpretes de los franceses. Por la noche llegó orden de Murat para que se supiese que Napoleón enviaría a España un Rey para su felicidad, pero el pueblo más se irritó.


En el día 2 se publicó un bando para la tranquilidad y que cada uno se retirase a su casa, lo cual fue causa de que creciese más el tumulto, y tocaron a rebato, saquearon todas las escopetas de las casas, poniéndose escarapelas, como también muchas mujeres; se levantó la horca para quitar la vida a los traidores. En los principales balcones del consistorio se pusieron: Nuestra Señora del Pilar de la iglesia de Santiago, San José de la de Jesús, y San Pedro Regalado de la del Salvador, el retrato de Fernando VII, y se colocó también el estandarte de la Fé que sacaron de la Inquisición. (Esta casa de la Inquisición, sita al costado izquierdo de la iglesia de San Pedro, fue incendiada por los franceses, y no ha quedado más que las capas de los cimientos). Rápidamente en el mismo día 2 se dispuso la proclamación del rey D. Fernando VII y se pusieron colgaduras por toda la carrera. El regidor D. Pablo Salinas guiaba la procesión, e iba a pie, aunque su caballo era conducido del diestro por un criado. Seguían los guardias de corps a caballo, que se hallaban en Valladolid de vuelta de Bayona o de haber dejado la familia real en la raya de Francia, y fueron los motores de la sublevación del pueblo. Seguían los alguaciles de la ciudad de golilla y escarapelas, los 4 reyes de armas, los caballeros y nobleza, el Ayuntamiento, y en medio el marqués de Revilla, que como alférez mayor llevaba el estandarte de las proclamaciones; todos a caballo. Detrás iba tropa de paisanos, el cuerpo del comercio ricamente vestido con uniforme nuevo, una bandera, música y bombo. En pos de estos iba otra tropa de paisanaje con fusiles y carabinas, y las banderas viejas de los milicianos que estaban en la iglesia de San Miguel. A estos seguía otra tropa de los mismos con solo sables y bayonetas y tambor, en número de mil hombres, gobernados por jefes militares. Y últimamente el escuadrón de caballería de la Reina, que se hallaba en esta ciudad; rematándose la procesión con una carroza y un coche desocupado. La procesión salió del Consistorio y fue por la Platería, Cantarranas, Plazuela Vieja al Real Palacio, Cadenas de San Gregorio a la Plazuela de Chancillería, cuyo balcón principal estaba colgado con los terciopelos de las salas, y un dosel en el cual estaba el general Cuesta y oidores dando muchos vivas, calle de Chancillería, Plazuela Vieja, calle de Esgueva, de Francos, detrás del colegio de Santa Cruz en el que vivía el obispo, Librería, Catedral, Orates y al Consistorio, donde se concluyó la función, colocándose en el balcón el estandarte de la proclamación. En seguida fue corriendo la gente en grandes grupos al convento de Prado, en el que se dijo había fusiles por haber sido hospital de los franceses; se hallaron pocos, pero sí mucha porción de sábanas, camisas y jergones, escondidos por los mismos franceses. En dicho día 2, a las 7 y media de la tarde, se cogieron en las puertas del Carmen Calzado 114 cargas de algodón, que se suponía, eran de franceses; se despacharon comisionados a los pueblos para que viniesen armados; y en Valladolid se armaron como unos 1500.


En el 8 se enviaron comisionados a Cigales y Cabezón, para que en estos dos puntos preparasen víveres, los cuales habían de servir al ejército de defensa.


El 9 caminó el General para Cigales con toda la gente que pudo reunir. En el siguiente pasó a Cabezón y mandó hacer en el puente varios preparativos de guerra. Desde dicho día se fueron reuniendo tropas en Cabezón en número de 5 a 6000 hombres de infantería, pero una gran parte se componía de paisanos mal armados, sin uniforme, ni disciplina, y sin excepción de edad y talla; unos 400 a 500 de caballería de línea; dos cañones de a 4, y otros dos de a 8. En dicho día 9 la justicia de Carboneros trajo preso a D. Miguel de Ceballos, comandante de artillería de Segovia, quien, se dijo, había entregado dicha ciudad a los franceses. El pueblo de Valladolid, encolerizado contra los traidores, le arremetió a cantazos y le mataron en el Campo Grande a estocadas; se le enterró en Santiago sin responso. Aunque venía con su mujer e hijos, estos no recibieron daño alguno.


Día 12 de Junio, de 8 a 9 de la mañana, principió el fuego por las guerrillas de avanzada, y después obró la artillería por una y otra parte. Estando en esta refriega se vieron bajar grandes columnas de tropa por las cuestas de Corcos, que se creyó eran gallegos y asturianos que venían en nuestro refuerzo. Se pusieron en ala y a distancia de pelear; y visto que eran franceses se mantuvo con ellos la acción por tres horas, al cabo de las cuales no hubo otro remedio para nuestro ejército que huir cada uno por donde pudo. Los franceses componían su fuerza de 6000 infantes, 1000 caballos y 11 cañones, mandados por el general Lasalle. Nuestra pérdida, según se dijo, fue de unos 250 hombres, la mayor parte ahogados en el río de Cabezón por quererle vadear o pasar a nado; la de los franceses como unos 800, aunque ni de los unos ni de los otros se ha dicho segura noticia. El general Cuesta, con algunos soldados, se retiró a Rioseco, y después a Benavente. Luego que Valladolid supo su derrota y antes que en él entraran los franceses, los paisanos que estaban de guardia en el cuartel de San Ignacio, mataron a un escribano de sala llamado Juan Ignacio González Prada, que tenían preso en él, con voces de que era traidor, porque dejándole con vida sería el origen del castigo de muchas gentes de la revolución, delatándoles a los franceses, de cuyas infames ideas ya había dado antes muchas pruebas: fue enterrado a toda prisa en San Miguel. En seguida los más alborotados soltaron de las cárceles a más de 200 presos criminales; estos tomaron armas y algunos querían esperar que entrasen los franceses en Valladolid y hacerles fuego desde las calles, pero les aconsejaron que no lo hicieran porque era exponer al pueblo a sufrir muchas desgracias: al fin se marcharon, comenzando a robar desde este mismo pueblo. Los franceses pudieron haber llegado a Valladolid a la una del día y haber atropellado a la gente que venía de Cabezón: la calzada estaba sembrada de armas, carros, caballerías, pan, cebada y otros muchos efectos; y aquellos saquearon dicho pueblo, el de Santovenia, y aún parte del de Cigales y la Overuela. En Valladolid entraron como a las 4 de la tarde, victoriosos y soberbios, y salió a recibirles el señor obispo con otras personas eclesiásticas y seculares, y aunque recibieron orden de sus jefes para no hacer daño, sin embargo robaron los conventos de Santa Catalina, Santa Isabel, San Agustín y San Gabriel, y cortaron las cabezas a varias efigies de vírgenes y santos, y tiraron las formas que encontraron.


Los días 12, 13, 14 y 15 se halló Valladolid en la más triste situación, amagados de la muerte sus habitantes y de un saqueo general, según decían los franceses y españoles afrancesados, pero nada de esto sucedió por mediación de estos últimos, de algunas concubinas de aquellos, y por una contribución que exigieron.





VISTA DEL CAMPO DE BATALLA DESDE LA ORILLA IZQUIERDA




VISTA DE LA ORILLA IZQUIERDA





PANORÁMICA DEL CAMPO DE BATALLA




FOTOGRAFÍA TOMADA DESDE LAS ALTURAS DE CABEZÓN, DEL CAMINO HACIA PALENCIA


MISMA POSICIÓN CON ZOOM, SE DISTINGUE A LA IZQUIERDA LA POBLACIÓN DE DUEÑAS


VISTA DEL CAMINO A VALLADOLID






RELACIÓN DE LOS OBJETOS SUSTRAÍDOS TRAS EL COMBATE DE CABEZÓN POR LOS FRANCESES,  EN LA PARROQUIA DE SANTA MARÍA, Y SU RECOMPRA EN VALLADOLID. 
A.G.D.V. Libro de Cuentas parroquia Santa María (Cabezón de Pisuerga), Caja 4, Libro 6 entre 1803 y 1828